Según los últimos datos oficiales publicados por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), correspondientes al cierre de 2008, España depende de las importaciones energéticas para satisfacer el 78,4% de sus necesidades energéticas. Esta enorme dependencia energética lastra nuestra economía al estar toda la industria sujeta a los precios marcados por los países exportadores.
La energía primaria utilizada en España proviene, en más de un 80%, de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Esta característica de nuestro suministro energético nos aleja de los compromisos del Protocolo de Kioto.
Las energías renovables no sólo reducen las emisiones de gases de efecto invernadero sino que también aseguran un suministro energético autóctono y seguro, sin dependencia de recursos o tecnologías externos.