La Unión Europea ha realizado una importante apuesta por las energías renovables, como una solución no sólo a las elevadas emisiones de gases de efecto invernadero sino también como una medida necesaria para reducir la dependencia energética del viejo continente.
Europa depende en gran medida de las importaciones para cubrir sus necesidades energéticas, una dependencia que se sitúa en torno al 85% en el caso de España. Para paliar este problema se debe realizar una importante apuesta por la eficiencia energética y la generación de energía mediante fuentes autóctonas como las energías limpias.
El 25 de julio de 2009 entró en vigor la
Directiva 2009/28/CE relativa al fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables que establece un objetivo vinculante para España del 20% de energía renovable en el año 2020. Esta Directiva debe transponerse a la legislación española en diciembre de 2010 y obliga a los Estados Miembros a presentar borradores de sus Planes de Acción Nacional, equivalentes a los anteriores Planes de Energías Renovables, antes del fin de 2009.