España es un país fuertemente dependiente de las importaciones energéticas. Aproximadamente el 85% de la energía que se consume en nuestro país debe importarse. Esta dependencia lastra todo nuestro entramado empresarial al tener, a diferencia de otros países europeos, una intensidad energética alta y ascendente.
La inmensa mayoría de la energía que consumimos tiene origen fósil (petróleo, carbón y gas natural), con lo que es altamente contaminante. Este uso de la energía fósil es lo que convierte a España en el país europeo más alejado de cumplir con el Protocolo de Kioto.
Para invertir la tendencia, están en marcha una Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética 2004-2012 (E4), que pretende reducir un 8,5% el consumo de energía primaria, y un Plan de Energías Renovables (PER) para fomentar estas energías. Ambas medidas deberían reducir nuestra dependencia energética y nuestro volumen de emisiones contaminantes a la atmósfera.
Las energías renovables son energías autóctonas que generan empleo y riqueza donde se instalan. Al no depender de recursos externos, la energía generada con estas fuentes no depende de los mercados internacionales. Las energías limpias constituyen la única alternativa para un autoabastecimiento energético sostenible.