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José Miguel Villarig, presidente de APPA Renovables

La legislatura que ahora comienza y las que vendrán después estarán marcadas por la Transición Energética. Los objetivos europeos de renovables y las metas internacionales de reducción de emisiones nos llevan a un cambio profundo de nuestro modelo energético. Un cambio que debería estar más planificado, con objetivos vinculantes por países – en función de sus recursos renovables – y con una planificación específica por tecnologías. Esto es fundamental para que la Transición Energética sea exitosa, debemos analizar bien la complementariedad de las tecnologías y diseñar el mix del futuro. Solo mediante la planificación, preferiblemente consensuada, de lo que va a entrar en nuestro sistema y lo que va a salir, podremos llevar a cabo una transición y no una mera acumulación de unidades de generación.

El amplio consenso europeo a favor del 32%, aprobado con una abrumadora mayoría en el Parlamento Europeo; y la inclusión del objetivo nacional aún más ambicioso del 42% de renovables para 2030, nos hacen albergar esperanzas en un fuerte desarrollo de nuestro sector que debe asentarse sobre la creación de un tejido industrial, empresarial y profesional propio para no repetir los errores del pasado.

Si construimos de forma inteligente nuestro futuro mix energético, aprovecharemos el cambio en nuestro beneficio. La necesidad de acometer la Transición Energética – para reducir emisiones, mejorar la calidad del aire, evitar la contaminación, evitar el Cambio Climático – será rentable si hacemos las cosas bien. Ni rápido, ni lento. Bien.

Una vez aceptado el punto de partida, que es nuestro mix energético actual. Debemos dar los pasos hacia esa economía descarbonizada, más limpia y sostenible, teniendo claros los objetivos, conociendo nuestras fortalezas y disponiendo de una estrategia sobre la que perseverar.

Si aprovechamos nuestro extraordinario recurso renovable, España podrá reducir su dependencia energética, conjugando los objetivos medioambientales con los económicos porque, gracias a la competitividad alcanzada por algunas tecnologías renovables, el cambio de modelo energético puede suponer una reducción efectiva de los costes energéticos.

Nuestra fortaleza viene dada por la situación privilegiada de España en recursos energéticos renovables.

Nuestra fortaleza viene dada por la situación privilegiada de España en recursos energéticos renovables. Somos el país del sol, en una península situada entre océanos que favorece el viento, con recurso hidráulico que llevamos años aprovechando y, a nivel de bioenergía, somos unos de los primeros países de Europa en recursos forestales y residuos agrícolas aunque estemos a la cola en su aprovechamiento. Adicionalmente, contamos con un desarrollo industrial y una innovación que, durante años, hemos estado frenando en nuestro país. A pesar de este parón, contamos con empresas punteras en el ámbito mundial y, durante años, hemos sido constantemente líderes mundiales en patentes de energías renovables. Debemos marcarnos como objetivo volver a conseguir ese liderazgo mundial y fuertes desarrollos que nos permitan asentar nuestra industria y crear importantes cifras de empleo fijo, bien retribuido y de calidad para las próximas décadas.

Los objetivos deberíamos basarlos en algunos principios como la diversificación, por la complementariedad que existe entre las distintas fuentes renovables y nuestra disponibilidad de recurso, ya mencionada. La planificación, que debe ser flexible y revisable, pero que es lo contrario a la improvisación que ha marcado nuestro desarrollo pasado. Esta planificación debe ser vinculante para las actividades reguladas, lo cual nos dará la seguridad jurídica y la certeza que impulsen nuestros desarrollos empresariales. Aunque pueda parecer obvio, que lo legislado permanezca en el tiempo, es también un buen principio.

Los objetivos que están marcados en el PNIEC son, como decía, muy ambiciosos, y sería de desear que se planifiquen con los pies en el suelo, que disminuyamos la creciente burocracia para la tramitación y conexión. Debemos modificar la excesiva fiscalidad, que es simplemente recaudatoria y cuyos efectos internacionales, en términos de resultados en fijación de industria y desarrollos, puede ser letal y hacernos perder, o no conseguir, un potencial y liderazgo que nuestras fortalezas como país deberían exigirnos.

Por último, en un país dominado por la inestabilidad política en los últimos años, es importante que todos estos criterios o principios tengan la fuerza y la firmeza que nace del consenso entre los distintos grupos. La energía renovable no tiene color político, pues todos los partidos están obligados a cumplir los objetivos internacionales y dudamos que uno solo de los grupos parlamentarios actuales o futuros estén en contra del desarrollo industrial, la creación de empleo y la competitividad empresarial, especialmente cuando todo ello viene de fuentes energéticas limpias y autóctonas.

Atentamente,

José Miguel Villarig Tomás
Presidente de APPA Renovables