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Las energías renovables tienen una distribución desigual en España. En lo referente al sector eléctrico, nuestro país ha sido un referente en integración de renovables en el sistema eléctrico. Por ello, a pesar del parón de los últimos años, más del 32% de nuestra electricidad fue renovable en 2017. Si nos centramos en la generación eléctrica renovable peninsular, fue del 33,7% con máximos del 42,4% (2014). Sin embargo, el menor uso de renovables en usos térmicos y transporte hace que el porcentaje de renovables en términos energéticos sea muy inferior.

En el cómputo global energético de España, las energías renovables disminuyeron su participación en el consumo de energía primaria un 0,2% en 2016, situándose de nuevo en el 13,9% del total y ocupando la tercera posición. Se trata del segundo descenso consecutivo de este consumo en la serie histórica analizada después del fuerte descenso del 3,1% de 2015.

En el resto de tecnologías se observan comportamientos dispares. El petróleo se ha mantenido en primera posición durante toda la serie, sin embargo, se ha detectado una tendencia negativa en su consumo al reducirse su aportación en 5,3 puntos porcentuales durante estos años. En 2016 representó el 44,2% del total con un aumento del 4,2% respecto al año anterior, crecimiento que supera al de 2015 y que denota un cambio de tendencia. El gas natural redujo su contribución a lo largo de la serie, hasta el año 2016, donde creció un 1,8%, llegando al 20,3% del total. La energía nuclear ha alternado aumentos y disminuciones en su cuota durante todos los años, hasta alcanzar en 2016 el 12,4% con un incremento anual del 2,2%. En el caso del carbón, su aportación a la energía primaria depende casi en exclusiva de las distintas políticas elaboradas por los gobiernos, sin seguir ningún tipo de trayectoria, muestra de ello fue el aumento del 24% en 2015 y la disminución del 28% en 2016, representando el 8,5% del total. El consumo de energía primaria en España disminuyó un 0,3% en 2016 (Gráficos 1 y 2).

Gráfico 1: Consumo de energía primaria en España en 2016
Gráfico 2: Consumo de energía primaria en España 2009-2016

En términos de energía final, las energías renovables representaron el 15% del consumo total en 2016. Este valor aumenta respecto a 2015, cuando se alcanzó el 14,7%, debido al aumento de la participación renovable, fundamentalmente hidráulica, para generación eléctrica, que pasó del 8,4% en 2015 al 8,8% en 2016, lo que representa un incremento del 7,1%. Las tecnologías renovables térmicas aumentaron ligeramente su contribución un 1,6%, representando el 6,3% del total. El consumo de energía final en España aumentó un 2,3%, lo que unido al descenso del 0,3% en el consumo de energía primaria, evidencian la mejora en la eficiencia del uso de la energía en nuestro país. La energía final bruta, medida de referencia para el cumplimiento del objetivo europeo del 20% a 2020, alcanzó el 17,4% en 2015 (último dato completo disponible), cifra muy similar a 2014 cuando se situó en el 17,3%.

España tiene una altísima dependencia de los combustibles fósiles. Esta dependencia energética del exterior registró su máximo histórico en 2008, cuando llegó a alcanzar el 81,3%. Gracias a la generación con fuentes renovables la dependencia ha ido disminuyendo año tras año hasta 2013. En 2014 y 2015 aumentó la dependencia de nuevo debido a la menor generación renovable, y en 2016 disminuyó nuevamente, situándose en el 72,3%. Esto quiere decir que sin tener en cuenta la energía nuclear, la cual se considera autóctona independientemente de cuál sea el origen del material empleado como combustible, nuestro país se sitúa cerca de veinte puntos porcentuales por encima de la media de los 28 países de la Unión Europea, cuya dependencia alcanzaba el 54% en 2015, último dato disponible. Las tecnologías renovables son herramientas fundamentales para solucionar este grave problema de dependencia energética al ser fuentes de energía limpias y prácticamente autóctonas todas ellas (Gráfico 3).

Gráfico 3: Dependencia energética de España y UE28 en 2016