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Las energías renovables tienen una distribución desigual en España. En lo referente al sector eléctrico, nuestro país ha sido un referente en integración de renovables en el sistema eléctrico. Por ello, a pesar del parón de los últimos años, más del 38% de nuestra electricidad fue renovable en 2017. Si nos centramos en la generación eléctrica renovable peninsular, fue del 40%.

En 2017 el consumo de energía primaria en España aumentó un 2,4%. Las renovables fueron, un año más, la tercera fuente de energía primaria, por detrás del petróleo, que fue la fuente de energía primaria más consumida con un 43,8% y del gas natural, que alcanzó una participación de 21,4%. Por debajo de las renovables se situaron la nuclear con un 11,9% de participación y el carbón con un 10,5%. Observamos como en 2017, a la vez que disminuyó la participación de las renovables, aumentó el consumo de gas natural en un 9,5% y del carbón en un 28,8% (Gráficos 1 y 2).

En cuanto a la energía final consumida en España en 2017, las renovables representaron el 13,9% del total, porcentaje inferior al 15% de 2016. Esta disminución se debe a una menor aportación renovable eléctrica como consecuencia de la baja producción hidráulica, a causa de la sequía vivida durante este periodo, generando con ello una reducción global de la producción renovable de un 5,4% y al estancamiento que el sector ha vivido los últimos años.

Gráfico 1: Consumo de energía primaria en España en 2017
Gráfico 2: Consumo de energía primaria en España 2010-2017

En relación con la energía final su consumo en España aumentó un 1,4% respecto al año 2016. En 2017 las energías renovables representaron el 13,9% del consumo total de energía final. Este valor disminuye respecto a 2016, cuando se alcanzó el 15%, debido a la disminución de la participación renovable, fundamentalmente hidráulica para generación eléctrica. Las tecnologías renovables térmicas aumentaron débilmente su contribución, aumentando su participación un 0,1%, representando un 6,4% del total.

La energía final bruta, medida de referencia para el cumplimiento del objetivo europeo del 20% a 2020, procedente de fuentes de energía renovable, alcanzó en 2017 un 16,7%. Este dato evidencia un distanciamiento respecto al cumplimiento del objetivo del 20%, motivado de nuevo por una menor aportación de la generación eléctrica de origen renovable fruto en gran medida de la disminución del 50% de generación hidráulica respecto al año anterior.

Históricamente España ha tenido una altísima dependencia de los combustibles fósiles. Esta dependencia energética del exterior registró su máximo histórico en 2008, cuando llegó a alcanzar el 81,3%. Gracias a la generación con fuentes renovables, la dependencia ha ido disminuyendo año tras año hasta 2013, cuando se alcanzó una dependencia del 70,4%. En 2014 y 2015 aumentó la dependencia de nuevo debido a la menor aportación renovable, y en 2016 disminuyó nuevamente, situándose en el 72,3%. Sin embargo, el año 2017 fue testigo de un aumento de la dependencia energética a consecuencia de la caída de la producción renovable, fundamentalmente hidráulica para generación eléctrica, lo que se tradujo en el aumento de las importaciones de combustibles fósiles, situando a España en una dependencia energética del 76,1%.

Esto supone que, sin tener en cuenta la energía nuclear la cual se considera autóctona aunque no sea nacional el origen del material empleado como combustible, nuestro país se sitúa más de veinte puntos porcentuales por encima de la media de los 28 países de la Unión Europea, cuya dependencia alcanzaba el 53,6% en 2016. Las tecnologías renovables son herramientas fundamentales y necesarias para reducir el problema que supone la dependencia energética del exterior, ya que lastra la balanza comercial, al salir una gran cantidad de divisas al extranjero. Si afirmamos que las renovables son herramientas fundamentales para combatir este problema, es debido a las características propias de las mismas, son fuentes de energía limpias, autóctonas e inagotables.(Gráfico 3).

Gráfico 3: Dependencia energética de España y UE28 en 2017